Tony Hawk
Tony Hawk, San Diego (1968), es probablemente el skater más mediático de la historia. No por ser el más técnico ni el más puro — hay listas para todo eso —, sino por haber sido la cara que sacó al skate de la subcultura y lo metió en cada Walmart del planeta.
De crío era esquelético, hiperactivo y obsesivo. A los 14 ya competía como pro, y a finales de los 80 dominaba el vert con una técnica que combinaba la altura de los Z-Boys con una limpieza casi de manual.
El momento que definió su carrera (y de paso el imaginario popular del skate) fue el 900 en los X Games de 1999: dos vueltas y media en el aire. Tardó once intentos. Cuando lo clavó, el mundo entero se enteró.
Aprovechó el tirón con cabeza. Fundó Birdhouse Skateboards, lanzó la saga de videojuegos Tony Hawk's Pro Skater (2000) que vendió decenas de millones de copias y enseñó trucos a una generación que nunca había tocado una tabla, y montó The Skatepark Project para construir parques públicos en barrios sin recursos.
Algunos puristas le critican que su skate sea "demasiado limpio" o "demasiado mainstream". Tienen parte de razón, pero también ignoran que sin Hawk no hay industria del tamaño que tenemos hoy. Difícil tener las dos cosas.